Evítalo
Contiene un alérgeno de tu perfil
Configuras tus alergias una vez. Después fotografías la carta, escaneas el QR de la mesa o pegas el enlace, y Sabria marca cada plato en rojo, ámbar o verde contra tu perfil. Y te deja escrita la pregunta para el personal.
Para iPhone, iOS 15.1 o posterior. Android llegará más adelante.
Lo que te llevas a la mesa
El resultado no es una nota ni un porcentaje. Es la carta entera reordenada por lo que te afecta: primero lo que debes evitar, después lo que hay que preguntar, al final lo que no da indicios.
Contiene un alérgeno de tu perfil
Falta información o hay riesgo
Sin alérgenos declarados detectados
Sabria es una ayuda informativa. No sustituye la confirmación con el restaurante ni el consejo médico.
El límite, por delante
Si una app de alergias te promete seguridad, desconfía. Esto es lo que no vas a encontrar aquí.
La entrada
Da igual por dónde entre: acaba en el mismo análisis contra el mismo perfil.
Hasta cuatro fotos, por páginas o por columnas, en un solo análisis. Acércate hasta leer las letras. Si la carta tiene un QR, lo detecta mientras encuadras.
Lo lee mientras enfocas y te pregunta antes de analizar. Nada se envía sin que lo confirmes.
Pega la dirección de la carta. Lee páginas web y PDF. Algunas cartas digitales se montan como una aplicación y el enlace llega sin platos: cuando pasa, te lo dice y te propone hacer fotos, en vez de devolverte una carta vacía.
Fotografía la lista de ingredientes, no el frontal del envase. Mismo semáforo, un solo producto.
Por qué la duda nunca sale en verde
Leer la carta lo hace un modelo. El veredicto, no. Encima va un motor de reglas escrito a mano que solo puede endurecer lo que el modelo diga, nunca suavizarlo.
Un plato sin descripción ni ingredientes no sale en verde nunca. Sale en ámbar, con una pregunta.
Un rebozado con gluten grave en el perfil es rojo aunque el modelo diga que no. Un frito, mínimo ámbar por freidora compartida. Un «puede contener» con alergia grave, rojo.
Están escritas para que solo suban. Es una propiedad del código, no una buena intención.
Treinta alérgenos e intolerancias: los de declaración obligatoria en la UE con los frutos de cáscara desglosados uno a uno, más fructosa, sorbitol, FODMAP, maíz, legumbres, LTP y proteína de frutas. Cada uno con sus derivados, dónde se esconde y cómo se contamina. Está versionado: cada error corregido entra en él.
Diez: vegetariana, vegana, pescetariana, sin cerdo, sin ternera, sin carne roja, sin alcohol, embarazo, halal y kosher. Marcarlas sirve de algo: halal y kosher preguntan por certificación, porque de una carta no se deduce, y embarazo es sobre-cauteloso a propósito.
Regla madre: entre dos niveles, siempre el más restrictivo.
Multi-perfil
Uno no puede con los frutos secos, otra lleva sin gluten desde hace años y la abuela hace tiempo que no encuentra nada que pedir. Creas un perfil para cada uno y la misma carta se lee tantas veces como perfiles tengas, sin volver a analizarla.
Grave («ni trazas»), moderada («me sienta mal, pero no es peligroso») o leve. La gravedad cambia el veredicto, no solo la etiqueta: el mismo plato puede ser rojo en un perfil y ámbar en otro.
Al marcar un alérgeno entra como grave. Bajarlo es decisión tuya, no nuestra.
No hay plan familiar aparte ni coste por persona. Cobrar dos veces por la misma comida no tiene sentido.
Después del semáforo
El ámbar no te deja a medias. Trae la frase escrita y qué hacer con la respuesta.
No «pregunta si lleva gluten», sino la frase concreta para ese plato y ese alérgeno. La copias, o la muestras en grande si hay ruido o si prefieres no decirlo en voz alta delante de la mesa.
Cuando te respondan, lo marcas: confirmado o descartado. Queda guardado en el resultado.
Guardas el restaurante y marcas dónde comiste sin problemas. Con el tiempo tienes tu lista de confianza, que es tuya y no de una comunidad.
Cada análisis queda guardado en tu dispositivo con su carta y su fecha, y puedes volver a él.
Privacidad
Una lista de alérgenos es un dato de salud. Se trata como tal.
Tus alérgenos y los de tu familia no viajan con la carta ni se envían a OpenAI. Lo que se analiza es la carta; el cruce con tu perfil se hace en tu teléfono.
Se comprimen, se envían para leerlas y no se almacenan en la base de datos de Sabria. OpenAI puede conservar lo enviado hasta 30 días en registros de seguridad, salvo obligación legal. Lo contamos porque es verdad, no porque quede bien.
Y nunca incluye tus alérgenos, tus perfiles ni lo que escaneas.
Desde Ajustes: perfiles, alérgenos, escaneos y restaurantes guardados de este dispositivo.
Sin plan gratuito
No hay versión gratis, ni tres escaneos de regalo, ni contador. Leer una carta entera con un modelo cuesta dinero cada vez que ocurre. Una app que regala análisis tiene que recortar en algún sitio, y aquí los sitios donde se recorta son dos: el modelo que lee la carta, o tus datos. Preferimos cobrar.
Y hay una segunda razón, menos comercial. Un plan gratuito con límite te empuja a racionar. Nadie debería estar calculando si gasta su último escaneo del mes en la carta que tiene delante.
8,99 €
45 €
Precio de referencia en España.
Menos de lo que cuesta comer fuera una vez. Y el perfil de toda la familia entra en el mismo precio.
Preguntas
No como última palabra, y ninguna app debería pedírtelo. Sabria es un instrumento: lee la carta, cruza lo que encuentra con tu perfil y te deja preparada la pregunta. La confirmación la sigue dando el personal del restaurante. Lo que sí puedes esperar es que, cuando haya duda, la app se ponga siempre del lado restrictivo.
Sabria no dice que ningún plato esté bien. El mejor veredicto que existe es «sin indicios», que significa que no ha encontrado nada y que lo confirmes igual. El error grave sería dar verde a un plato del que no se sabe nada, y eso es justo lo que impide la primera regla del motor: sin descripción ni ingredientes, nunca verde. En cada resultado hay un botón, «¿Ves un error?», para avisarnos.
Dos cosas concretas. La primera: encima del modelo hay un motor de reglas escrito a mano que solo puede endurecer el veredicto, nunca suavizarlo, y que conoce la gravedad que tú le has dado a cada alérgeno. La segunda: a Sabria no le cuentas tus alergias en una conversación. El perfil se guarda en tu teléfono y el cruce se hace ahí; lo que viaja es la carta.
No. Los perfiles se guardan en tu dispositivo y no se envían a OpenAI. Lo que viaja es la carta o la etiqueta.
No. Están los obligatorios, con los frutos de cáscara desglosados uno a uno, y además fructosa, sorbitol, FODMAP, maíz, legumbres, LTP y proteína de frutas: treinta en total. Y diez dietas con reglas propias, de la vegana al embarazo, pasando por halal y kosher.
La lee igual y te devuelve el nombre del plato traducido. La pregunta para el personal está hoy solo en español: traducirla y darte la fonética está en la lista, todavía no hecho.
Fotografías la carta de papel: hasta cuatro fotos, por páginas o por columnas, en un mismo análisis.
Para analizar, sí: la lectura ocurre en un servidor. Los perfiles, el historial y los restaurantes guardados se guardan en tu dispositivo.
Si App Store ofrece una prueba para tu cuenta, la verás en la pantalla de compra; quien lo decide es la tienda, no nosotros. Plan gratuito no hay: cada análisis cuesta dinero, y un contador de escaneos gratis solo consigue que raciones justo el día que más falta te hace.
La primera versión es para iPhone. Android está en la lista y todavía no tiene fecha; cuando la tenga, se dirá aquí.
Configuras tu perfil una vez y ya está.
Para iPhone, iOS 15.1 o posterior.
Sabria es una ayuda informativa. No sustituye la confirmación con el restaurante ni el consejo médico.